14 septiembre 2006

De incertidumbres

Y no, porque ya no soy feliz, y no, no será
Será, no será
Será no será

No será porque los años son cada vez más cortos
He tenido a veces la intención de atrapar el tiempo con las manos
No será porque los días son cada vez más largos
Que he dejado de llevar reloj por no mirarlo demasiado
Y no será
No será

No será porque la luna está siendo investigada
Que en las noches se hacen tan oscuras
que no me visitas ya ni en sueños
No será alergia primaveral o tristeza de verano
En otoño siempre me pongo mal
Y en invierno igual porque se acaba el año
Y no será porque tú te hayas marchado
Y no será porque ya no estás aquí
Sé que no será porque no me has perdonado
No será porque ya no soy feliz

13 septiembre 2006

El otro 11S


Esperando que en algún informativo de televisión, radio o en cualquier columnita de prensa escrita apareciera el otro 11s que muchos ignoran y otros tantos recuerdan y homenajean 33 años después como ocurrió en el malagueño pueblo de Humilladero, donde se ha inaugurado una escultura dedicada a Salvador Allende, la primera de Europa dedicada al presidente chileno.

Mi homenaje particular lo rendí viendo (por nosecuántas veces ya) Machuca, de A. Wood.

11 septiembre 2006

Así está el asunto.

Yo contratado por un músico en paro
yo convencido de que tengo razón
últimamente me siento inteligente
últimamente no tengo corazón
como una escena del viaje de chihiro
con el sin cara dentro de un vagón
guarda tu nombre ahora
¡¡¡no dejes que te quiten nada!!!!!
yo recorriendo mis sitios con la escoba
yo reprimiendo las ganas de llorar
si inteligente consiste en dependiente
si deprimente significa normal
yo regalaba mis fines de semana
yo me gastaba todo en sonreir
y aunque miraba mucho
nunca llegué a entender las cosas
yo resbalando por un acantilado
yo vomitando en la puerta de un hotel
yo abandonando la crema en un abrazo
yo respirando el día cada vez
que me tropiezo con algo inesperado
que me mareo sin saber qué hacer
tú lo dijiste un día: “te quiero, pero no sé bien por qué...”
yo respirando... yo respirando...
yo respirando... yo respirando...
yo respirando...
como una escena del viaje de Chihiro


Ivan Ferreiro - El viaje de Chihiro


30 agosto 2006

Piratas del Caribe

Hace ya tres años que Adri me empezó a dar la tabarra con Piratas del Caribe. La verdad es que siempre dejo este tipo de películas para el Festival de Cine Fantástico, donde me pongo tibia de cuchilladas, sangre, saltos imposibles y rostros orientales que a veces se reunen en un hilo temático abarcando toda la semana. A veces reduzco tanto el cine de aventuras a esos siete días, los vivo con tanta intensidad (mañana-tarde-noche), que el resto del año quedo exhausta y ver un teléfono sonando y descolgado por una coreana me da mareo. Pues bien, hace tres años como venía diciendo, hice la gran excepción y después de que este amigo me hablara vía internet de la exquisita actuación de Deep, ser camaleónico donde los haya, y del subidón de adrenalina que aportaba la cinta, me acerqué a uno de esos multicines tan grandes y tan impersonales que tan poco me gustan. Este género estaba casi en extinción y quitando pequeñas puntilladas como La isla de las cabezas cortadas, podríamos decir que casi olvidado.
Me pilló completamente desprevenida, mirando hacia otro lado, algo despistada. Ahora estoy muy agradecida a Adri por ayudarme a salir de mi testarudez continua y dejar de lado esos prejuicios estúpidos que me hacen dejar de ir a ver cine comercial por considerarlo pésimo de antemano. Es verdad que la primera parte de la película no fue tan sonada en los medios, como mucho reseñas a la atracción del mismo nombre de Disney World y pare usted de contar. Muchas de las personas que ahora han ido a ver la continuación no conocen la primera parte y quizás sea eso uno de los motivos que los hacen desproticar a diestro y siniestro sin que yo llegue a entenderlo muy bien. Piratas del Caribe: La maldición de la Perla Negra
se me antojaba como una película de aventuras que reune lo mejor de los clásicos: combates, espadazos, caidas, barcos, risas, una pizca de sentimentalismo -nunca viene mal del todo- , tesoros ocultos e islas donde el ron se bebe sin parar en noches de ronda de ladrones de alta mar. Pero sin duda destaco la banda sonora de Klaus Badelt que se torna como auténtica protagonista en alguna de las escenas. Pertenece a ese tipo de películas donde las palomitas apetecen más que nunca y te acoplas a la butaca perfectamente, porque mientras asistes al espectáculo eres sabedor de que ahora estás viendo CINE, esa sensación que por desgracia no se repite hoy en día tantas veces como debiese.
No voy a hacer una crítica objetiva, ni siquiera voy a dar mi opinión y juzgar la segunda parte. Simplemente lanzar una queja por todo lo que vengo leyendo de un tiempo a esta parte sobre Piratas del Caribe: El cofre del hombre muerto.
Desde Mayo he estado pendiente de su estreno, he ido viendo distintas fechas, estaba como loca. Si la primera parte me había encantado la segunda no iba a ser menos. Fuí a verla sola, no esperé a nadie, llevaba tanto tiempo espernado el momento que no fui capaz de aguantar un día a que algún amig@ me acompañase. Precisamente hacía terral (los malagueños saben de que hablo) pero me dio igual; incluso me salté los fuegos de inauguración de la Feria ´06.
Y he aquí mi conclusión, sin querer desvelar nada: me volvió a encantar. El exceso de metraje y quizás falta de empatía con algún personaje más perfilado en esta segunda ocasión son las puntillitas que puedo ponerle, pero en general me dio lo que fuí a buscar: una película de aventuras con situaciones algo disparatadas que hagan meterme dentro de la historia. ¿Escenas imposibles? Pues sí, pero para ver cine social y documental hay otro tipo de películas y directores. Quería distracción y adrenalina durante dos horas y media y lo ha conseguido. Si hay alguien que se haya dormido en la sala es porque en su casa no descansa lo que debiera, porque sólo las subidas de la banda sonora despiertan a muerto.

Me da que va a pertenecer a ese grupo de películas que sólo podrán ser merecidamente bien valoradas con el pasar del tiempo.

22 agosto 2006

El acabose

Ay.

Finiquitado la mejor semana del año, siempre saco las mismas conclusiones a finales de Agosto, y es que nosotros, los malagueños, estamos 354 días pensando en los nueve de feria que vendrán. Nuestra Noche Vieja debería recolocarse en la tercera semana de este mes, precediéndole ocho de fiesta sin nada que lo interrumpa.

Málaga se paraliza. Es un paréntesis físico. Las playas de San Andrés, donde no cabe un alfiler (literalmente) desde mediados de Junio, se vacían; el Mercadona multiplica por vetetúasaberquénúmero sus pedidos de Cartojal que, por cierto, este año venía en plástico duro evitando así que muchos se abran la cabeza sin querer en plena feria del Centro; en cualquier lado el tema estrella es la feria, si estamos poco o muy cansados, los trajes, las biznagas, los abanicos, la hora en que te acostaste, las casetas que han cambiado y se escucha flamenquito, mucho. Y Paquito el Chocolatero.

Me gusta la feria porque me gusta el reguero de olor a biznagas que dejan los que las vende. Es algo que me vuelve loca y que siempre espero ansiosa, como si tuviera miedo a que de un año para otro se perdiese esa costumbre de florear la calle de la Trini con mi flor favorita. Me gusta ver como hay gente que las luce con el arte que solo alquien de aquí puede tener (perdónenme foraneos). Me gusta porque todo se multiplica, la alegría es una constante a ritmo de bulerias y soleás, de clásicas rumbitas y la canción del verano de turno.
Los cacharritos, cualquier cosa que vaya rápido y te ponga pies arriba, cualquier cosa en la que antes de subirte te haga pensar: "¿vomitaré?". Eso me mola. Sobre todo a ritmo de Camela.

Este año me ha dejado un buen sabor de boca. Como el regustillo del café Santa Cristina mañanero, que te empuja a tomarte otro más en cualquier bar donde los camareros lleven mandiles de lunares blancos en un fondo rojo, el mismo en el que la noche antes te pusiste tibia de cazón y pintarroja. Todo han sido bailes y risas de mojito y ron cubanos, gofres, rociás de madrugada, playa, cerveza y gente.

Buena gente.

20 junio 2006

Cenicienta nunca demandó al Príncipe

Cenicienta, tras un mágico cambio de look cortesía del hada madrina (precursora histórica de los asesores de imagen), acudió al gran baile. Se tuvo que marchar temprano, pues no quería perder el último carruaje que la llevaba de vuelta a casa y tener que volverse andando o en taxi. Pero dejó dos cosas tras de sí: un zapatito de cristal (seguramente unos Manolos, maldita Sexo en Nueva York) y un hombre enamorado muchos recursos y más tiempo libre aún (es un príncipe, no es que trabajar sea una rutina en su vida...). Sólo con ese zapatito tendría que localizarla, quizás hubiera sido más sencillo si le hubiera dejado su número de teléfono, aunque no hizo falta. Pues la encontró y puso el zapatito, fueron felices y comieron perdices como todo el mundo sabe.

Volvemos a nuestro presente y nos encontramos de bruces con esta noticia. Un hombre enamorado (eso dice él) condenado por acosar a una mujer durante varios meses expresándole sus sentimientos. Durante unos ocho meses la persiguió con el relato de su amor (un amor claramente no correspondido). El hombre no cejó en su empeño, con cada rechazo parece que se reforzaban sus intenciones. Se compró incluso una oficina enfrente del banco en el que su amor ejercía de directora para poder ver cuando no había clientes y acercarse a hablar con ella, para observar cuando se tomaba los descansos para tomar el café o para simplemente mirarla en la distancia sumido en profundas ensoñaciones. El pobre diablo puso todos sus esfuerzos, pero tuvo un gran error de base en sus razonamientos: ella dijo NO, ella no quería ser su Cenicienta, no quería formar parte del cuento que él le ofrecía. Quizás no quería un príncipe azul que la persiguiera, o si lo quería, él no era su elegido. Por más que hiciera, por más que intentara, ella no quería. Lo que podría ser interpretado como "romántica insistencia" es más bien un acoso premeditado. Un acoso que incluso obligó a la sufrida directora del banco a pedir el traslado para evitar a su no deseado enamorado. Y es que, hoy en día, la diferencia entre el romanticismo exhacerbado (ese que vemos en las películas y cuentos de hadas) y el acoso es una línea muy muy delgada. Hay que tener más vista que este personaje en cuestión para distinguir la línea.

18 junio 2006

Nosotras decimos sexo cuando queremos decir sexo (I)


Las teorías más apabullantes acerca del género contrario suelen nacer en noches de fluidez alcohólica o en conversaciones de cariz más o menos íntimo con alguna de misma condición que ha pasado por penurias similares a las tuyas (-¿A tÍ también te los pusieron?- ¡Sí!, -¡Oh, Dios, a mí también!, -¡¡No puede ser!!, -¡Sí!¡Te entiendo perfectamente!, - ¡Cómo me alegra encontrar a alguien que me entienda!. – Es que son todos iguales). Éstas últimas son las más certeras porque partiendo de una base real se resuelven con tanta seguridad y aplomo que cuando después se la explicas a cualquier otra amiga tuya coincide con algún caso conocido por ella o incluso guarda relación indirecta con vivencia propias que tenía guardadas en algún rincón de su memoria. Es entonces cuando suelta aquello de “es verdad”. Las teorías femeninas (que no feministas) son ciencia.

Y a ver quién dice lo contrario a la más mala y servidora.

Todo empieza cuando comienzas a fijarte en chicos mayores de 25 años. (quiero creer que ese referente ha sido una constante durante toda mi vida y no un síntoma de acercamiento peligroso al cuarto de siglo). Con motivo de la creación de constante de feromonas y la poca salida que a veces se le dan a las que ya se han acomodado plácidamente en alguna esquinita de mi cuerpo serrano no nos queda más remedio a la más mala y a mí que comentar recientes correrías nocturnas, que de ahora en adelante serán menos espontáneas pero quizás más divertidas cuando se trate de un maromo que supere la edad anteriormente mencionada, ya que con ellos tarde o temprano se nos jode el asunto por cualquiera de los siguientes motivos (apunten):
a)
tienen novia y tu puedes ser, si acaso, su amante. Esto es: después de haber notado que te incrustraba la mirada ahí como una Black&Decker, de haberte hecho un scanner mientras se hacía el interesante, de haber hablado algo con un amiguete mientras te seguía observando y haberte dado un margen de tiempo para que dejases de pensar que parecía gilipollas cuando te observaba bebiendo de una copa en la que sólo quedaban dos cubitos de hielo (estaba vacía y no se ha coscado aún) y para autoconvencerte de que seguramente no le ha dicho a su amiguete al oído que aesamelaventiloyo. Con el alcohol y el humo del bar llegas a verlo mono, comenzáis a hablar sin saber cómo, él es un dulce, te ríes, sí que es mono, cuenta alguna paranoia sin sentido o recurre al típico "llevo un rato mirándote", tú sabes de lo triste de la frase pero sonríes como si nada, haciéndote un poco la loca y de paso la coqueta, que de vez en cuando les pone y es más mono aún. Te invita a una copa, que es más típico aún pero no llega a ser tan cagada como "tu cara me suena". Menos mal que no la ha pronunciado, sí que es mono, sí. Y cuando más a gusto estás, cuando más a caldo lo tienes todo, cuando más claro ves que esta noche no duermes sola, te habla de una novia con la que lleva año y medio (mínimo, también los hay de los que te burradas de 8, 9 y hasta 10 años). A mí siempre me han tocado novias del pueblo, por dar algún dato más (mi novia del pueblo y tal...). Entonces sonríes y sientes que no se haya atragantado con alguno de los dos cubitos de hielo con los que ha hecho el tonto mientras te miraba hace un rato. Sólo buscaba charlar y ronear, porque lleva saliendo con una cateta 10 años y se le olvidó tontear. Del resto está harto y no hace falta que se lo recuerde nadie. Además, eso de la cornamenta no está bonito.

b)bis pero con hijo. Peor aún. Existe la posibilidad de que esta especie de mayor de 25 años sí que quiera tener algo más que una simple conversación. El otro desecha la posibilidad de intimar porque realmente está colado por la cateta pero este subtipo de hombre tiene un serio compromiso con la parienta ; tan serio que come, viste y pide si tiene ya medianamente uso de razón. Busca roneo y algo más, pero si antes no querías destrozarle la vida a una pueblerina, menos a un crío. No voy a ser yo, no.

c)son bisexuales y no lo tienen nada claro. Su uso está muy extendido actualmente. Aquí, a su vez, encontramos dos subtipos: un ex cualquiera al que encuentras a las tantas de la madrugada y con el que comienzas a recordar aventuritas como quien no quiere la cosa, lo bien que os entendíais (y él mucho mejor que tú, por lo que se verá), lo bien que os lo pasasteis en aquel viaje a Praga en el que hicísteis de todo menos ver Praga, etc. El asunto se pone al rojo vivo y esa noche pillas, fijo. Pero de repente él ve en tí algo más que una ex, ve una persona que lo conoce a fondo y a quien puede confesar cualquier cosa. Así que nada, te suelta el rollo de la bisexualidad: se ha dado cuenta de que se enamora de las personas y no del sexo pero que contigo es distinto, que te ha visto al entrar y le ha subido una cosa por la garganta... pero ahora mismo no tiene nada demasiado claro. Sí, anda, no te hubieses atragantado entonces con la cosa de la garganta, piensas tú.
El segundo subtipo es el sector de la población al que ignoras hasta el momento y que sin conocerte de nada y sin tener que rememorar viejas glorias juntos te sueltan la misma historia (por supuesto aquí tiene cabida eso de "cuando te he visto al entrar se me ha puesto una cosa por la garganta..."). Otros que también se pueden atragantar. ¿Tengo cara de psicoanalista?

d)creen q tienen 18 años y hablan y se comportan como tal (Beavis y Buthead). Estos joden, joden mucho. Estamos hablando de mayores de 25 años con una edad mental de menos de 18, o 18 a lo sumo, que siguen llevando camisetas de Nirvana y sueltan una carcajada híbrida resultante de Papa Noel y Barney, el del Bar de Moe. Puedes fijarte en ellos por aquello del instinto maternal y tal, incluso tener cierta simbiosis cuando pinchan El tren de Leño en el antro. Pero toda la magia se esfuma cuando vez que en un descuido se aprieta con sus colegas para hacer un calvo y salir en la fotografía que uno de ellos se dispone a hacer. Con el botellín en la mano y cara de espanto regresas a un rincón del que nunca deberías haber salido.

Seguiremos informando.


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