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Viñarock (1º Parte)

Las mil veces que durante esta pasada edición del Viñarock he visto el trailer de Un mundo alrededor, mil veces que me he sentido identificada con el grupo de amigos que llegaban a Villarobledo después de un viaje lleno de complicaciones. Alguien puede pensar que año tras año se repiten escenarios y grupos, y no les falta razón. Lo que no intuyen los susodichos es que las situaciones varían de forma tan radical que llegas a encariñarte con el pueblo y sus lugareños (como si ellos tuvieran relación directa con Rosendo o SA...).
Villarobledo siempre me pareció un pueblo IKEA montado para los dos días del festival. No hay movimiento en las calles, las persianas están echadas hasta abajo y el único vestigio humano autóctono se pasea el Viernes tarde por la avenida cercana a la zona de acampada para ver ver a los especímenes que allí se concentran (concentramos). Llegado el lunes, desmontan las paredes de cartón piedra y hasta el año que viene. Esta teoría se viene abajo gracias a los currantes del bar que proporcionan buenas dosis de cafeína a los rezagados que andamos como almas en pena por las calles del pueblecito los sábados por la mañana. Y sí, son humanos.
Aunque la euforia comienza a notarse una vez pasado Despeñaperros, tengo que reconocer que el chute de adrenalina viene al cruzarnos con el cementerio de Tomelloso. Es algo irónico que empieces a sentirte viva viendo un camposanto en mitad de la nada, pero que le voy a hacer yo si después de cuatro años relaciono esos cipreses con el kalimotxo y las stratocaster.

Sin duda la pregunta de este año tenía más relación con los cambios meteorológicos que con la actuación de cualquier grupo. Después de la edición pasada (por agua) una no sabe a qué atenerse, aunque todo apunte a ser una freiduria de chorizos en plena explanada manchega. Desde luego, las condiciones el Viernes tardes eran las mejores y nada tenían que ver con la de hacía un año; es más, cuando ví dónde tenían mis colegas el campamento empecé a sudar imaginando las caminatas que me esperaban durante los próximos dos días.

Genial la idea de colocar la zona de acampada en ese lugar, con árboles que den un poco de sombra para echar una siesta y pasar más tiempo dentro de la tienda (en el caso de que alguien sea capaz de hacer eso a las 15 de la tarde...). Pero digo yo... ¿no sería mejor plantar árboles en el lugar donde se ha acampado siempre (o al menos desde que yo empecé a ir)? Lo digo por los viajecitos de madrugada que nos hemos pegado algun@s, que ya los quisiera para su currículum Indiana Jones: salteando cuerdas, esquivando ramas, cruzando zanjas por inestables tuberías o deslizándonos en sus cuestas para llegar al otro lado. Eso sí... con mucha guasa, porque reir me he reído lo más grande.

Después de inspeccionar el terreno, pasamos a tomar contacto con los autóctonos. La verdad es que no tiene precio ver a tres punkys sentados en el mismo banco que un señor padre con su retoño de pocos años. Es una mezcla explosiva y un tanto desequilibrada, pero ahí están coexistiendo sin problemas, de buen rollo... ¿qué es si no el Viñarock? Por supuesto, los punkys van con sus respectivos perros. Lo que hace más enternecedora la situación, claro.
En cualquier calle aparece el oportunista de turno que ha acondicionado el garaje de casa para que esos dos días le haga el apaño y sacarse unas pelas. Pues hace bien, ¡qué carajo! Así que vamos a comprarle a él...
Lo chungo viene cuando la de seguridad no te deja entrar un mísero pandorino. Tantas horas dando botes, sudando y bebiendo hace que el estómago te ronronee cosa mala y no apetece hacerse el camino (con la cantidad de peligros que eso conlleva) para tomar un aperitivo. A eso podemos añadirle que las bajadas de azúcar son habituales en estas situaciones y no está demás tener a mano algo dulce, pero eso no es entendible por parte de la seguridad de la entrada al recinto ya que entre las normas que han recibido se encuentra la de no dejar pasar comida. Pase que por cuestiones puramente económicas no se deje al personal meter alcohol en la zona de conciertos, pero tendrían que replantearse lo de los alimentos por razones obvias.

ya ya...pero me dejas el movil para una llamadita, maja?=)

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