27 junio 2005

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos


Después de idas y venidas y ser licenciado en carreras de obstáculos llega la pereza del desencanto. La desilusión también conlleva una serie de esfuerzos que a estas alturas sobran, pero al ser un sentimiento tan humanamente humano toca joderse y acarrearlo hasta que quiera disiparse de buena forma. Al fin y al cabo no podemos mandar en nosotros mismos tanto como quisiéramos y estos lastres hay que asumirlos como una punzada en el estómago, no van a desaparecer porque tú o yo lo deseemos. Mientras que los recuerdos soñaban la punzada no existía, pero el amago de desencanto comienza por vanalizarlos y allí dónde veía un momento genuino termina por aparecer un defecto que escupe oscuro sobre lo especial del pasado. Sin llegar a sorprenderte notas como mucho suele pertenecer a la literaria veleidad por excelencia.

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