02 agosto 2005

Sibille

Sentir como el fuego nos lame los tobillos y poco a poco gana terreno en las piernas, como la dermis comienza a calentarse expandiéndose hasta burbujear, convirtiéndose en una masa gelatinosa que finalmente se torna negra y desaparece. Retorcerte en lo que dejan los grilletes porque eres consciente de que la mitad de tu cuerpo es pasto del fuego y la otra mitad lo espera, vivo, notando como se deshace, advirtiendo una espera de segundos que se volverá eternidad vertiginosa, pues cada milímetro de piel consumido es una vivencia que a partir de ahora, nunca habrá tenido lugar.

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